Hay libros que piden calma, no prisa. Este es uno de ellos. No es una novela que te arrastre de principio a fin, sino un libro al que uno vuelve. Lo abres por cualquier página y siempre hay una idea que merece quedarse un rato contigo.
Wiesenthal escribe sobre cultura, viajes, lecturas, el gusto y esa forma tan personal que cada uno tiene de entender el tiempo. No intenta imponer su criterio, simplemente comparte el suyo con naturalidad. Y eso lo hace especialmente agradable.
Es un libro largo, generoso en páginas y en pensamiento. Pero no pesa. Se deja tener cerca, sobre la mesa, para leer unas líneas antes de dormir o en una tarde tranquila.
En estos días en los que todo parece urgente, me gusta encontrar libros que evocan calma. Este es uno de ellos.
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