Septología, de Jon Fosse

Hay libros que no se leen con prisa. Septología, de Jon Fosse, es uno de ellos. Son casi 800 páginas que avanzan con una cadencia muy particular, con una sensibilidad y una aparente sencillez que por momentos puede resultar incluso desesperante… y, sin embargo, profundamente hermosa.

La historia transcurre entre los fiordos noruegos, en ese paisaje frío y silencioso que parece acompañar el estado interior del protagonista: un pintor viudo que vive entre el presente y el recuerdo constante de su esposa. Esa memoria, cargada de nostalgia y amor, atraviesa toda la novela.

Hay una frase que me acompañó durante la lectura: para tener una buena vida solo se necesita un barco y un perro. Yo añadiría algo más. Porque en el fondo, lo que late en estas páginas es la conciencia de que el amor —cuando ha sido verdadero— permanece incluso cuando ya no está.

Es una obra exigente, pero también envolvente. De esas que te invitan a detenerte y a aceptar el ritmo lento de la reflexión. No me sorprendería verla algún día en el cine. Tiene esa fuerza silenciosa que trasciende el papel.

Si te interesa la literatura que explora el paso del tiempo, la identidad y la soledad con profundidad, esta es una lectura muy recomendable.

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