Hay novelas que avanzan con una fluidez casi engañosa. Los días perfectos, de Jacobo Bergareche, es una de ellas. Se lee rápido, engancha, pero lo que plantea permanece mucho más tiempo del que uno espera.
La historia parte de un hallazgo aparentemente simple: unos correos antiguos. A partir de ahí, el protagonista se ve obligado a mirar hacia atrás y enfrentarse a lo que creía saber sobre el amor, los celos y la memoria compartida.
La novela tiene ritmo, ironía y momentos incómodos que la hacen profundamente humana. Me recordó una frase de Faulkner: “Entre la pena y la nada, elijo la pena”. Quizá porque habla, en el fondo, de esa extraña condición humana que nos permite ganar la felicidad sin merecerla, perderla sin darnos cuenta y añorarla cuando ya es demasiado tarde.
Es una lectura que invita a preguntarse cuánto sabemos realmente de quienes amamos y cuánto de nuestra propia historia construimos sobre silencios.
Si te interesa una novela ágil, contemporánea y con fondo emocional, esta es una muy buena opción.
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