A veces la literatura no busca impresionar, sino acompañar. El jardinero y la muerte es uno de esos libros que se leen en silencio y se sienten muy cerca.
Gueorgui Gospodínov escribe sobre la enfermedad y la despedida de su padre con una naturalidad desarmante. Sin excesos, sin dramatismo, sin frases grandilocuentes. Solo recuerdos, escenas cotidianas y esa sensación inevitable de que, cuando alguien se va, lo aparentemente pequeño se vuelve inmenso.
Es un relato breve, íntimo y profundamente honesto. No pretende explicar la pérdida, sino compartirla. Y en esa sencillez radica su fuerza.
Un libro que confirma la sensibilidad extraordinaria de su autor y que, sin hacer ruido, deja una marca duradera.
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